jueves, 19 de julio de 2007

LAS RAZONES DE LILITH

Lilith ¿Cómo más se iba a llamar? Tiene una virtud casi gimnástica
para quitarse la ropa, el único problema es que es incapaz de mirate a
los ojos mientras lo hace. Gajes del oficio.

José Antonio ha decidido hacer una investigación sociológica sobre las
conductas sexuales de la Bogotá que no conoce. Mero interés
intelectual. La verdad, para todo en la vida existen argumentos. En el
fondo está preocupado porque tiene que rogarle a su mujer para que se
lo dé, parece que sufre de terribles migrañas nocturnas.

Ella entra a escena con un diminuto vestido de cabaret de Chicago, es
una diva de peluca plateada estilo años 20, mallas negras y tacones.
Lilith comienza su ritual frente a la barra, sobre la barra, por
encima, por debajo, entre la barra, se enrosca, se dobla, se desdobla,
se abre hasta casi descuadernarse y José Antonio la mira con profundo
interés filantrópico.

Sólo con los tacones puestos Lilith se le acerca despacio con
caminadito de pantera en celo, lleva años perfeccionándolo y bueno,
para eso es que le pagan y no lo suficiente. Baila frente a José
Antonio y le pide que la toque. El le pasa, con bastante timidez, las
manos por la cintura, la mira, ella le esquiva la mirada, sonríe y
cuando sabe que ha sido suficiente, voltea muy digna y se va. Antes
que se aleje demasiado, él alcanza estirarse lo justo para darle
en su magnífico culo, una triste y casi patética nalgada de despedida.