martes, 23 de octubre de 2007

NO NAME

Tendré que decir que te tengo mas enredado de lo que me atrevo a confesar pero esto no está hecho de la materia de lo posible y mucho menos de costumbre. 4 pm. Invasión a la intimidad que comienza con una llamada que me saca del sueño tardío y la tragedia del domingo. ¿Domingo? Ahí es donde me pierdo porque vos nunca aparecés un domingo, estamos condenados a las tardes de semana larga, a estar mamados de trabajar y poner cara de inteligentes para justificar milenios de evolución humana. Vos y yo otra vez en medio de una vida equivocada. Estoy tratando de comerme el cuento de la niña buena pero sabemos que son mentiras de sobremesa para pasarse con el postre del almuerzo ejecutivo. Soy un gatonecio que se arranca la desidia a punta de arañazos en la espalda. Pero mirá que todos tenemos derecho a redimirnos y yo ya tengo suficientes millas para mi tiquete al infierno.

Por donde sea que lo mire, esto me parece extraño, justo andábamos por la etapa de sentirnos cómodos al vernos las caras, justo me estaba acostumbrando a tus extrañas compras de último momento y ahora todo me suena a despedida, a puntos suspensivos al final de un copy mal redactado. Como si pudiéramos despedirnos, como si no fuéramos una enfermedad residente. Pero vale, estoy sentada viendo a una vieja comerse un pollo de asadero barato y agradezco el hecho de saber que no voy a tener que verte con mañas de viejo, limpiarte las babas y las migas de pan de la cara ni ponerte un butaco en la ducha para que no te vas a ir de culo ni me va a tocar correr a la clínica con vos, cuando músculos y huesos te saquen la mano por tantos años y tanta droga y tanta malparidez. ¡Gracias! vamos a morir antes o en el peor de los casos, estaremos demasiado lejos y serán otros los que hagan tan humanas labores.

4:30 pm y no estoy lista así que terminás subiendo hasta mi casa, hemos inventado para nosotros mismos una excusa convincente para tener que vernos. Necesitamos razones. Necesitamos encontrarnos pero hoy, hoy ya es muy tarde. Hoy es demasiado tarde. Algún día tendría que serlo. Te habría gustado encontrarme descalza y sólo con una camiseta y el pelo largo y enredado, pero justo me alcanzó el tiempo para dejarte tres minutos esperando afuera y encontrar a medias unos jeans. Tampoco estamos hechos de la materia de lo cotidiano. La ropa para planchar, los platos sucios, el teléfono que no he pagado y la crema dental que se acabó.

Me tardo horas en sacarme la sensación de invasión de encima y para cuando eso pasa ya nos hemos ido. Intento eludir tus ojos curiosos y el ridículo color de los paredes, demasiado parecido al vestido de una tía gorda. Intento encontrar algo que suene menos a un suicidio dominical y obviamente Radiohead no me ayuda. Vos tampoco. Debió pasar antes o tal vez nunca de todas formas no es el tiempo correcto para conjugar este verbo. Es que te estoy escribiendo desde lejos y es que parece que va a ser lo único que nos va a durar, miles de palabrasquenotevoyadecir aplastadas entre las hojas de un cuaderno. Tendría que haberlo hecho pero es mejor evitar la fatiga. ¿Que mierda te voy a andar yo contando? En la mitad del camino al sitio de siempre me pedís que lo haga, que lo suelte que a estas alturas importa tres pelos y bueno, tenés razón no importa. ¿Entonces? Podría cogerte apenas cruzando el corredor y decirte que te devolvás, que te voy a arrancar la ropa apenas camino a la puerta y mirá que no respondo, a ver si te saco algo de corazón a punta de mordiscos o por lo menos un poco de emoción entre dos gemidos porque me vas a perdonar pero te sacaron un soplo de vida y te lo reemplazaron con un kilo de inercia y la acostumbrada y siempre bienvenida pasión por el trabajo. ¡Que bonito! estamos a dos segundos de la fatalidad y ya estamos muertos.