jueves, 13 de diciembre de 2007

Mentira

Esas manos debieron ser suyas, ese deseo también debió ser suyo.
Lo único que en verdad le pertenecía esa noche era su ausencia.

martes, 23 de octubre de 2007

NO NAME

Tendré que decir que te tengo mas enredado de lo que me atrevo a confesar pero esto no está hecho de la materia de lo posible y mucho menos de costumbre. 4 pm. Invasión a la intimidad que comienza con una llamada que me saca del sueño tardío y la tragedia del domingo. ¿Domingo? Ahí es donde me pierdo porque vos nunca aparecés un domingo, estamos condenados a las tardes de semana larga, a estar mamados de trabajar y poner cara de inteligentes para justificar milenios de evolución humana. Vos y yo otra vez en medio de una vida equivocada. Estoy tratando de comerme el cuento de la niña buena pero sabemos que son mentiras de sobremesa para pasarse con el postre del almuerzo ejecutivo. Soy un gatonecio que se arranca la desidia a punta de arañazos en la espalda. Pero mirá que todos tenemos derecho a redimirnos y yo ya tengo suficientes millas para mi tiquete al infierno.

Por donde sea que lo mire, esto me parece extraño, justo andábamos por la etapa de sentirnos cómodos al vernos las caras, justo me estaba acostumbrando a tus extrañas compras de último momento y ahora todo me suena a despedida, a puntos suspensivos al final de un copy mal redactado. Como si pudiéramos despedirnos, como si no fuéramos una enfermedad residente. Pero vale, estoy sentada viendo a una vieja comerse un pollo de asadero barato y agradezco el hecho de saber que no voy a tener que verte con mañas de viejo, limpiarte las babas y las migas de pan de la cara ni ponerte un butaco en la ducha para que no te vas a ir de culo ni me va a tocar correr a la clínica con vos, cuando músculos y huesos te saquen la mano por tantos años y tanta droga y tanta malparidez. ¡Gracias! vamos a morir antes o en el peor de los casos, estaremos demasiado lejos y serán otros los que hagan tan humanas labores.

4:30 pm y no estoy lista así que terminás subiendo hasta mi casa, hemos inventado para nosotros mismos una excusa convincente para tener que vernos. Necesitamos razones. Necesitamos encontrarnos pero hoy, hoy ya es muy tarde. Hoy es demasiado tarde. Algún día tendría que serlo. Te habría gustado encontrarme descalza y sólo con una camiseta y el pelo largo y enredado, pero justo me alcanzó el tiempo para dejarte tres minutos esperando afuera y encontrar a medias unos jeans. Tampoco estamos hechos de la materia de lo cotidiano. La ropa para planchar, los platos sucios, el teléfono que no he pagado y la crema dental que se acabó.

Me tardo horas en sacarme la sensación de invasión de encima y para cuando eso pasa ya nos hemos ido. Intento eludir tus ojos curiosos y el ridículo color de los paredes, demasiado parecido al vestido de una tía gorda. Intento encontrar algo que suene menos a un suicidio dominical y obviamente Radiohead no me ayuda. Vos tampoco. Debió pasar antes o tal vez nunca de todas formas no es el tiempo correcto para conjugar este verbo. Es que te estoy escribiendo desde lejos y es que parece que va a ser lo único que nos va a durar, miles de palabrasquenotevoyadecir aplastadas entre las hojas de un cuaderno. Tendría que haberlo hecho pero es mejor evitar la fatiga. ¿Que mierda te voy a andar yo contando? En la mitad del camino al sitio de siempre me pedís que lo haga, que lo suelte que a estas alturas importa tres pelos y bueno, tenés razón no importa. ¿Entonces? Podría cogerte apenas cruzando el corredor y decirte que te devolvás, que te voy a arrancar la ropa apenas camino a la puerta y mirá que no respondo, a ver si te saco algo de corazón a punta de mordiscos o por lo menos un poco de emoción entre dos gemidos porque me vas a perdonar pero te sacaron un soplo de vida y te lo reemplazaron con un kilo de inercia y la acostumbrada y siempre bienvenida pasión por el trabajo. ¡Que bonito! estamos a dos segundos de la fatalidad y ya estamos muertos.

sábado, 1 de septiembre de 2007

PROLOGO

La musa se largó a beber y a buscarse un mal polvo y me dejó sola con el gato y la palabra en la punta de la lengua. Las opiniones me quedaron sobrando.

Puse las hojas a un lado y opté por decirte que dejaras de escribir de esa forma o terminaría por enamorarme de vos, lo cual no es cierto pero igual, no importa. Yo también se dónde queda Terroncolorado y amanecí descalza y descobijada.

Quiero buscarte, decírtelo de frente pero qué falta de tacto, hoy es domingo y está lloviendo y a la mierda con estos pseudo romances literarios porque a estas alturas no quedan más motivos que los ridículos mensajes que nos mandamos por correo. Te veo se me terminan olvidando capítulos y versículos.

Quiero verte y decítelo en la cara, tus frases alucinógenas me recuerdan a alguien pero hoy es un lunes eterno que pesa toneladas de aburrimiento. Casi no despierto y luego tenia empegotadas tus frases de olor amargo, entre las dos neuronas medianamente útiles que me dejaron los martinis.

Quiero verte y confesártelo asi sea sólo un poquito, porque no me estoy haciendo más joven mientras espero el valor suficiente para que se me quite la envidia por las cosas que contás y que yo nunca pude ver por ser un perrito faldero, un poodle con moñitos maricones e ínfulas de perro callejero, pero hoy es martes y nada bueno pasa un martes y ya está bien de verte a retazos con charlas más asépticas que el consultorio del odontólogo y la próxima vez juro que nos veremos para tomar el té de las 5 y hacer unos bordaditos en punto de cruz. Pero ¿qué más hace uno un puto miércoles?.

Quiero acercarme y decirte suavecito al oído que te leo y me parece que nos estamos enderezando porque de esos siniestros precipicios armados entre los espacios de tus palabras con letra menuda, no nos quedan más que unos bonitos jardincitos, pero no niego que te creo porque se te nota, pero hoy es jueves y los jueves nunca te he podido negar algo, asi que no tiene gracia porque no es ninguna hazaña, te habría dicho que si a cualquier cosa y por eso mismo es que hoy no te voy a ver por estos lados, porque es viernes y uno los viernes se pone formalito y se deja de pendejadas asi que verte o no verte me da lo mismo, de todas formas es sábado y la musa se largó, supongo que se fue con vos porque no te he visto y a ella tampoco.

jueves, 19 de julio de 2007

LAS RAZONES DE LILITH

Lilith ¿Cómo más se iba a llamar? Tiene una virtud casi gimnástica
para quitarse la ropa, el único problema es que es incapaz de mirate a
los ojos mientras lo hace. Gajes del oficio.

José Antonio ha decidido hacer una investigación sociológica sobre las
conductas sexuales de la Bogotá que no conoce. Mero interés
intelectual. La verdad, para todo en la vida existen argumentos. En el
fondo está preocupado porque tiene que rogarle a su mujer para que se
lo dé, parece que sufre de terribles migrañas nocturnas.

Ella entra a escena con un diminuto vestido de cabaret de Chicago, es
una diva de peluca plateada estilo años 20, mallas negras y tacones.
Lilith comienza su ritual frente a la barra, sobre la barra, por
encima, por debajo, entre la barra, se enrosca, se dobla, se desdobla,
se abre hasta casi descuadernarse y José Antonio la mira con profundo
interés filantrópico.

Sólo con los tacones puestos Lilith se le acerca despacio con
caminadito de pantera en celo, lleva años perfeccionándolo y bueno,
para eso es que le pagan y no lo suficiente. Baila frente a José
Antonio y le pide que la toque. El le pasa, con bastante timidez, las
manos por la cintura, la mira, ella le esquiva la mirada, sonríe y
cuando sabe que ha sido suficiente, voltea muy digna y se va. Antes
que se aleje demasiado, él alcanza estirarse lo justo para darle
en su magnífico culo, una triste y casi patética nalgada de despedida.

miércoles, 2 de mayo de 2007

CINE FRANCES

En medio de ojos hambrientos, ojos sedientos, niñas bonitas, actores, actrices, tipos bien, zorras, gañanes, borrachos, pretenciosos, pobres que quieren aparentar, ricos de nacimiento, torcidos, derechos, caídos, levantados, tragos, botellas, papas fritas, whisky 18 años, aguardiente, toneladas de carne, cuajada con melao, me asomé por debajo de la escalera de la caja, persiguiéndolo desde la entrada, me encontré de frente con sus ojos verdes de gato que me miraban de a poquitos. He vuelto a tener 15 años y me saltan mariposas en el estómago. Ya estoy muy vieja para estas cosas.
Un mes después llego a mi casa, 4:45 am, haciéndole compañía al señor que trae el periódico de los domingos. Esto no es vida pero eso es lo que hay. En la puerta de la recepción sin portero hay pegado un paquetico de rayas blancas y azules amarrado con un lazo rojo, tiene mi nombre. Alcanzo a ver con el rabillo de misojostangrandes su carro que arranca con paciencia, contra todos los pronósticos, me estaba esperando. El paquetico tenía una carta y un cassette, "breath, just breathing" y todavía esa canción me suena cuando recuerdo que esto no es vida, pero eso es lo que hay.

67 con 8, el carro se varó, de todas formas hasta hoy es suyo porque ya lo tiene vendido. Me bajo y me despido, me pide un abrazo, es lo único que nos hemos pedido en este tiempo. Asi es, entonces ésta es la última vez que nos vamos a ver. He descubierto la diferencia entre el cine gringo y el cine francés. No hay una escena final en la que ambos trepados en su moto recorremos un desconocido camino de espaldas al atradecer. En esta película yo me quedo parada en medio de la 67 con 10 intentando cruzar un eterno semáforo mientras usted decide dejar el carro tirado para salir corriendo, llegar justo antes de que la luz cambie y darme el consabido beso francés. Yo cruzo la calle, usted recoge el carro y mañana se sube en su moto y recorre un camino desconocido de espaldas al atardecer.

domingo, 1 de abril de 2007

Roger

10 pm, avenida carrera 68 con calle 24. Lugar no especificado. Un viernes cualquiera.
Es que a uno la vida y los amigos lo acostumbran a ciertas cosas y comienza a pensar que el mundo es un lugar pequeñito donde todos hacen lo mismo. Claro que no es cierto, lo sé pero se me olvida.
Hay pocas cosas más complicadas que sacarme la pereza de salir un viernes cualquiera, sabiendo que el sábado me toca ir a trabajar, pero digamos que en una especie de ejercicio pedagógico o con franqueza, aceptando que últimamente mi vida social se limita a una larguísima jornada laboral, decidí tomarme un par de cervezas en una compañía poco frecuente.
Nada de pseudo intelectuales posmodernos con crisis maniacodepresivas, publicistas que sólo hablan de publicidad, gente del medio (alquien POR FAVOR que me diga eso qué demonios es y porqué suena tan ridículo), un par de cervezas con buenas personas, de los que se parten el culo todos los dias de sol a sombra pero que definitivamente se quejan menos que yo, de los que uno no se imagina cómo diablos lo hacen pero a estas alturas tienen su casita propia y alimentan a una buena mujer "la gorda" y como mínimo un par de chinos, sin contar a la novia a la que sacan a bailar y además le mandan remesa a la mamá y al sobrino que vive en quién sabe dónde. Tendrían que darme unas clasesitas de economía doméstica.
Después del par de cervezas me invitaron a bailar, lugar no especificado que prefirieron a la primero de mayo -que insistí en conocer- todo porque quedaba un poco más cerca a mi casa... los caballeros aun existen.
Recordé un lugar un poco siniestro al que iba en Cali cuando ya era muy tarde y a todos se nos había acabado la plata. El rey de la noche era el reggeton (como sea que se escriba) y a mitad de la rumba, cuando estaba sentada entre mis acompañantes, aparece un tipo, con cara de muchachito de colegio y me "saca a bailar" y yo que pensé que eso ya no pasaba, que uno estaba sentado y de repente algún valiente de otra mesa, a quien uno no conoce, de quien no sabe absolutamente nada, que no es un amigo de un amigo, que no se lo han presentado, que se expone a que lo manden para la mierda o a que el ofendido acompañante le de un coñazo por andársele birlando a la mujer (en la Cali de esa epoca, podría exponerse a que le metieran un tiro) te saca a bailar. Pues acto seguido, estaba yo en medio de la pista, estrenando mis recién descubiertas dotes en el reggeton con aquel valiente. ¿Cómo te llamas? ¿Estudias o trabajas? Se llama Roger, trabaja en una empresa de metalmecánica y estudia por las noches algo como contabilidad y mercadeo para empresas metalúrgicas. Descubrí que el sitio estaba lleno de valientes y parece que simplemente es una costumbre que creía extinta. El taxi a casa me costó menos de lo que yo esperaba y prometí otro viernes cualquiera, ir a conocer la primero de mayo.

jueves, 8 de marzo de 2007

12 PM

No hay mucho que decir por estos días, la gripa perversa me llena de natas las neuronas. Llevo días sin dormir.
Anoche parece que tuve un sueño extraño, el celular estaba sonando a eso de la media noche, era una llamada que parece llegar sólo en noche buena ¿el niño dios usa celular?...¿el niño dios existe? y como creo que esa pregunta la resolví hace más de veinte años, tenía que ser alguien más. ¡Papa Noel! pero no oí cascabeles, sálo el gato maullándole a los zancudos parados en la pared. En medio del delirio de la fiebre alcanzo a recordar que es marzo del 2007 y yo ya no soy una niña que cree en cuentos de hadas pero ya es un poco tarde, mi llamada no alcanzó a decir mucho, yo no alcancé a desatar las preguntas atoradas. Desperté y parecía que todo fue un sueño, sin embargo, logró quitarme las ganas de dormir

domingo, 11 de febrero de 2007

CARTA 1. de martina

Lo siento Jacobo, pero yo no me acuerdo de usted.
Y por cierto, nunca me aburro en las fiestas.

Martina

lunes, 29 de enero de 2007

CARTA 1. de jacobo

Si tuviera sueños serías uno de ellos, pero yo estoy perdido en la tierra de nadie y vos estás demasiado lejos.

Te vi por primera vez en la fiesta esa, ahora no puedo recordar que hacía allí, lo cierto es que en medio de tanta gente estabas vos, contándote aburrida las flores del vestido. Podría decirte muchas cosas pero serían mentira, lo he olvidado todo.

Esa noche hablabas con alguien, intentabas explicarle cuánto te tallaban los zapatos nuevos, correas, tacones, ampollas. La noche iba a ser larga y yo, simplemente no podía quitarte los ojos de encima.

lunes, 8 de enero de 2007

RENAULT 4

Creo que lo había visto una que otra vez, pero no es el tipo de los que yo recuerdo. La primera vez que en realidad estuve obligada a verlo fue porque llegó a recogerme a casa por mandato de algún aspirante a novio sin carro. El tenía un Renault 4 y yo 14 años. Aún ahora maneja mejor borracho.

Ha pasado mucho tiempo desde eso, han pasado amigos a los que he amado y por quienes hubiera dado media vida, han pasado amores, sueños, verdades y mentiras, han pasado fiestas, conciertos de mediopelo, bares caros y baratos, decepciones, paseos, viajes, ha pasado uno que otro hombre que parecía ser EL hombre, algunas amigas que fueron mis hermanas y sobre todo, han pasado muchos años y mucha agua ha corrido bajo este puente.

Intenté deshacerme de él de todas las formas posibles, cambié de celular, de casa, de ciudad, de amigos, de gustos, de trabajo, de genio, de ser posible, habría cambiado de nombre o de sexo, nunca lo llamé, nunca le escribí, me escondía en el fondo de la casa para que no me reconociera por la ventana, le cerré la puerta en la cara, me hice negar, evitaba los sitios comunes y aún así, llegaba a la hora de la siesta a tocar mi puerta, llegaba los domingos cuando aún no me había bañado, saludaba a mi gato, conversaba con los novios de mi madre, visitaba a mi abuela, le reparaba el carburador al Renault 4 de mi abuelo, se ofrecía para ir a recogerme al aeropuerto, a la terminal a donde fuese que yo estuviera. Nada, absolutamente nada en el mundo fue capaz de disuadirlo. Confieso que ahora lo quiero porque me obligó a que así fuera.

Es una de esas personas que me sigue amando a pesar de mis intententos por lograr lo contrario, de mis errores, de mis cagadas, de mi putogenio, de mis días de mierda e incluso, de mis días mas felices y de aquellas ocasiones en las que parece que he acertado. Debí haberlo sabido desde ese primer día, el es igualito a su Renault 4, un amigo fiel incapaz de dejarte tirado a pesar de que lo cojas a patadas.

DIA PRIMERO. pregunta

Claro que no, uno no da masajes con 4 cervezas y media de ginebra en la cabeza, claro que no, uno no duerme en camas ajenas ni se despierta tarde los días que hay que trabajar.
Pero yo no tengo nada más que hacer, estoy de viaje y usted perdió el último tren que lo llevaba lejos de la vida que nunca soñó.

Lo puse de espaldas a la cama, sólo por torturarme un poco y descubrir que además de las patéticas palabras de universitarios suicidas que montan en buseta, compartimos la misma estrella.

Pero ha podido ser peor, porque yo dejé el arrepentidero archivado entre la arena del gato, me pudo más un intento de dignidad con instinto de moral que las ganas de decirle de vez en cuando me acuerdo de usted, se me atraviesa en la biblioteca y en uno que otro amigo en común.

Nos equivocamos de tiempo, nos vimos demasiado tarde y las sábanas de algodón gris y los peces que nos miraban con ojitos de tía regañona no bastaron para pensar que era la única oportunidad y así pasó la noche y yo me desperté abrazada a su espalda sin poderle confesar lo que había soñado, por no romper el acuerdo tácito de silencio sobre nada, porque nada pasó más que sentir que me veía demasiado, que me leía desde adentro, desde el miedo.

Yo me levanté aún más perdida, sin saber cuál era el norte a pesar del mapa que intentó hacerme por la ventana, igual cogí por el lado equivocado y luego todo se volvió un fastidio, caminar por la avenida nimeacuerdo de subida y luego de bajada, mil horas en una buseta con los asientos más duros de Bogotá. Usted tarde al trabajo y yo temprano a la cita de mis últimos minutos de incertidumbre.

DIA TERCERO. respuesta

Claro que no, uno no se acuesta en camas ajenas , tampoco duerme en ellas, mejor se levanta bajo sus propias cobijas como la niña buena que ya no es, nuevecita, recién bañada parece que sólo he tenido un sueño inconfesable.

Pero no es tan sencillo, lo tengo un poquito atravesado y la sensación no se me quita con el primer café de la mañana, tampoco con el último.

Todo empieza como quien no quiere la cosa, una dulce casualidad, una voz reconocida. Tan bonitos, tan inocentes, pero hay una pregunta abierta flotando en el aire desde hace miles de años, esperando respuestas ambiguas escondidas entre mis ridículos buenos propósitos de año nuevo y mi incapacidad de llevarme a cuestas una duda.

Lo veo y se que está metido entre mis miedos más que entre mis amores, sentado junto a mis confesiones y no al lado de mis pecados, en las entrañas más que en el corazón.

Como un dejavú que se repite cada de vez en cuando, como si pudiera pensar que de verdad tenemos la conciencia tranquila porque esta vez ya era tarde –siempre ha sido tarde-, yo había hablado demasiado y lo que me quedaba de decencia lo ahogué entre los hielos del whisky como cuando es uno el que no tiene nada que perder, porque en medio de todo alcancé a preguntar si sabía lo que estaba haciendo y como la respuesta siempre fue no sé y no me importa, como si fuera cierto y no lo supiéramos, estábamos confirmando que somos un lugar común en el que nos gusta hundirnos, que no somos tan santos ni tan buenos, que somos peores y lo mejor de todo, que al final de cuentas, termina por no importarnos.

¿Podría haberme quedado con la duda? Seguramente ¿Podría haberse quedado con la duda? Tal vez, pero y si esta vez fuera la última oportunidad, entonces qué sería de esta historia, de la sensación de haber perdido el camino en alguna curva, de hacerle justicia al presentimiento de que la felicidad es una cosa esquiva, que estamos de alguna manera destinados a decir mentiras y de vez en cuando hacer la del gato para intentar tapar las cagadas con arena, que tarde o temprano, vamos a terminar traicionando aquello que más amamos porque nos creemos por encima de las reglas y un día nos comimos el cuento de los poetas malditos que leímos mientras caminábamos sobre el piso entapetado con flores de guayacán.

La decisión estaba tomada desde el instante en que entré a su casa, así en ese momento no lo supiéramos, la piel estaba despierta desde el primer abrazo y qué le vamos a hacer si somos un cliché inevitable que se fuma un cigarrillo después de tirar. Como era imposible repetir la misma historia, no amanecí abrazada a su espalda, me despedí sin mirarlo mucho a los ojos y sin esperar más de la cuenta pedí un taxi, llegué a mi casa a dormir bajo mis cobijas y al otro día amanecí como la niña buena que ya no soy y usted, no se nada de usted pero tal vez hizo lo mismo. No podría haber imaginado algo que fuera diferente.

Tengo la extraña sospecha de que a veces sólo hacemos lo que hacemos para tener algo sobre que escribir.

domingo, 7 de enero de 2007

JUNIO 1

Esa mañana me senté a esperar que saliera el sol, con mi falda de vainilla, noche y vino tinto, con el pelo mojado y los ojos a punto de estallar. Esa mañana me fui para su casa, silenciosa como un gato, intentando que las campanitas de la puerta no sonaran –como las odio-, que la llave entrara sin pelear, me quité los zapatos y me metí entre las cobijas a su lado, para verlo, para ver sus ojos rasgados mientras duerme, tocar esa piel aceituna que me hace delirar, me escurrí junto a su espalda para sentir si era la última vez que lo iba a tocar, para entender porque vale la pena tanta lágrima, para entenderle las razones, esperar casi un milagro de ósmosis en el que se me pegaran sus motivos. Pero nada, me fui quedando dormida a su lado, tibia, consentida y al despertar, lo único que seguía teniendo pegado era la tristeza , la incertidumbre, la melancolía. Me desperté y vi sus ojos abrirse, vi el espejo negro en el que me gusta mirarme, me desperté y nada, ni una sola respuesta, ni un solo motivo. Cuando ya lo que uno pueda decir no importa y no queda más que esperar, esperar, esperar, apelar a la paciencia inexistente, esperar si se le pasa, si cambia, si cambio, si me manda para la mierda, si apenas me aguanta, si me sigue queriendo, esperar como Penélope a ver si regresa de alguna idea en la que se quedó perdido. Esperar, esperar, esperaresperaresperaresperar y mientras tanto esta incertidumbre que me quita hasta el hambre, que me va a hacer desaparecer.