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Ese sentimiento que comenzaba en las tripas y subía hasta la boca del estómago para luego resolverse en náuseas. No estaba segura de si era el presagio del fin del mundo o al menos de su propia muerte, o más bien estaba necesitando un Peptobismol. Tanto tiempo con lo mismo que había perdido la capacidad de decidir entre sus manías mentales y una gastroenteritis. Al final daba lo mismo. Pensó en correr, pero era domingo y estaba lloviendo. La gente no debería desaparecer los domingos porque los volvía demasiado redundantes. Decidió hacerse un ovillo en la cama, tal vez así lograra convertirse en un zorro invisible.
Y entonces ella corrió.
Se le había olvidado que lo quería, por la pura falta de uso de ese amor viejo que habitaba como fantasma descalzo entre los corredores de su historia.
Prometieron encontrarse en otra vida pero iba a estar medio jodido, él se sentía condenado al infierno y ella planeaba reencarnar en gato.

Catálogo de ideas

Apenas le abrió la puerta, se la soltó así, sin dudarlo, porque llevaba tantos días perdidos dándole vueltas a la idea, que había ido y venido por entre todos los escenarios posibles, las historias imaginadas, las vidas soñadas, y ya no le quedaba nada más que inventarse, solo la verdad limpia y afeitada. —De todas las putas malas ideas que he tenido, y han sido muchas, vos sos la peor.

Bosque de Pinos

Como un niño con juguete nuevo, con esa expresión de júbilo que siempre parecía fuera de lugar en su cara, le mostró la cama nueva. Un artilugio extraño que por acción de una palanca ubicada junto a la cabecera, levanta el colchón y deja al descubierto una especie de cajón enorme. Ella lo conoce bien, han sido amantes por quince años. Sabe que en ese cajón guardará sus cadáveres. "Las mujeres son extrañas" le dijo una vez, "complican las cosas y yo soy un tipo simple". Básicamente no le gustan los compromisos pero es incapaz de articular una despedida. Prefiere matarlas. Ella lo conoce bien, lo ha amado por quince años y no le importa. Está tranquila, no es una de esas viejas raras  y su relación nunca ha sido complicada, siempre supo cuál era su lugar en las historia, además, a quién sino a ella podría contarle todos sus secretos, la necesita. Lo sabe bien. Se sientan en el sofá y la charla va sobre la forma de los libros y el extraño día en que el mar casi e...
Alguien se robó el verano.

MI VIDA COMO FANTASMA

En circunstancias no muy afortunadas me encontraba narrando mi vida. Mi oyente, antes de empezar, hizo ciertas aclaraciones sobre su narcolepsia. Al rato empezó a cabecear. Yo leía, ella dormía. Yo también quería dormir y despertar en casa bajo mis cobijas pero parecía imposible. Estaba lloviendo, había gritos y pantano por todas partes. Estaba muy lejos. Muchos sueños despúes, ella abrió los ojos muy abiertos y dijo que todo era mi culpa, que yo era un fantasma. Vivía mi vida como un fantasma, me veía como un fantasma. Recordé que llevaba dos días sin comer ni dormir. Luego de estar 8 horas a la intemperie, era un fantasma con los cachetes colorados. Una noche cualquiera él me miró y me dijo que yo era triste porque leía libros tristes. Yo pensé que tal vez leía libros tristes porque era triste. También pensé que él nunca leía y era un imbécil. Pedí a un amigo que me recomendara un libro feliz a ver si eso ayudaba a componer mi situación. El libro me gustó, pero debo aclarar que...

LOS OTROS

Los otros que fueron, los otros que éramos. Los que nunca seremos. Pero especialmente los otros que nunca fuimos. Nos imaginamos, lo hicimos sin culpa pero con intención. Nos encontramos y nos armamos el uno al otro a la medida de nuestros propios deseos, fuimos nuestros mitos, los irreales posibles imaginados. Seguimos existiendo como fantasmas, nos alimentamos de ese sueño de nosotros mismos, del sueño que los otros soñaron. No somos ellos, no somos esos. Todo lo que no viste, lo que no quise ver. Los pequeños huecos en las medias, los pelos en la almohada, las dudas. Los errores de la matriz, la falta de aplomo, el desgarbo, la obviedad. Los momentos de franqueza en que fuimos tan humanos. Esos otros que extrañamos, nuestras versiones editadas, desinfectadas. Esos otros que retomamos para no perdernos, para seguir siendo personajes, musas, fantasías. Esas vidas que no vivimos.

UNO MÁS

Todos duermen. Esta especie de inviernoamedias no me acaba de convencer mientras el gato ronca a mis pies en una especie de apnea nocturna. Hoy he muerto mil muertes en un continuo trágico de delirios. Parece que he venido persiguiéndome: intenté escapar pero me traje en la maleta, aplastada entre unas botas, ocupando el espacio del suplemento de zinc que debí haberme tomado y la amnesia selectiva, tuve que pagar exceso de equipaje. Yo no duermo. Hoy no. Necesito un silencio que no llega o por lo menos el sopor inevitable de la somnolencia pero hago tanto ruido, he venido a distraerme, a dar gritos desde adentro, a profanar mis sueños. He venido para fastidiarme, para recordarme. He venido disfrazada, como si no fuera capaz de reconocerme por mis viejas mañas.

MEJOR COLORADO UN RATO

Hasta ahora entiendo lo que vos en serio me decías. Incluso los esclavos aman sus cadenas y como por hacer el ejercicio, tendré que recordar las mil veces que reputié por haber metido mi larga nariz entre semejante arenero, con esa puta lluvia que no deja de caer todos los días y todas las mañanas, madrugar siempre en ese martes eterno y sin descanso a tomar el café espantoso del hotel, preparado sin cariño. Escuchar por horas y horas los comentarios en el radio, esperando encontrar alguna noticia interesante, una pelea que justificara el tedio y el ruido o por lo menos una lancha varada pidiendo auxilio. Mucho sudor y una que otra lágrima. Un universo paralelo donde el mundo real se hace borroso y se disuelve en el mar temperamental y caprichoso, como una vieja neurótica, como yo. Todos personajes en una tragicomedia donde nos obligamos a vivir juntos, a vernos las caras de sueño en el desayuno, las de cansancio en la cena, a comer mierda al almuerzo, sazonada con arena, bichos, agua ...
He perdido la cuenta porque ya han sido suficientes quejas. Cada cual tiene su argumento, habría que defenderlos a todos o callarlos a todos, funciona igual por alguna ley física en la que tanto ruido se cancela, este cacareo constante que aturde. He olvidado mis antiguas prioridades, se han disuelto en el paisaje borroso de esta ciudad.

MUTANTES

Son las nueve de la noche y hace poco se ha ocultado el sol. Afuera, en la calle, un hombre con una canasta vende tamales oaxaqueños, lleva 15 minutos gritando las ventajas cualitativas de sus ricos, frescos, deliciosos tamales para toda la familia. Aún me parece extraño que pueda oírlo casi como si gritara frente a mi ventana, porque vivo en el piso 11, pero siempre pasa igual, el ruido de la calle es constante y cercano. Me desespera básicamente porque me conmueve, si no fuera porque no me gustan los tamales, bajaría a comprarle media canasta. No lo puedo evitar, todos los que venden comida en la calle me producen una extraña compasión, los imagino en su casa a las 3 de la mañana, levantados haciendo masas y empacando en bolsitas o en hojas de plátano, horneando, revolviendo, poniendo la comida en sus viejas canastas para salir a recorrer la ciudad desde el amanecer con sus tamales o envueltos o lo que la culinaria local caprichosamente decida. Me pasa igual con el señor de las galle...

A ustedes

Tendría que irme todos los días para despedirnos cada tarde, para recordar que mañana podríamos no vernos, podría ser la última vez. Para no darnos por hecho. Para no tener que extrañarlos. A los que son, a los que están, a los que nunca fueron, a los que no estuvieron, las vidas que no vivimos, los caminos que olvidamos, los lugares a los que no regresaremos, a todos los que me he traído conmigo, que tanto los quiero aunque a veces lo olvide. Hace calor y llueve, el gato está dormido sobre la cama como siempre y no quisiera que me mandaran en una maleta bonbonbunes, arepas ni chocolatinas jet, no me gustan. Quisiera que me trajeran de regreso sus palabras, su presencia. No he vuelto a escribir por la pereza, por la anestesia, por no dejar que se me vaya la inspiración de este intento, por no extrañarlos, para que no se me agüen los ojos. Los llevo conmigo, los respiro incluso en este aire que parece una nata espesa sobre la ciudad, tan parecida pero tan diferente.

TRES MESES DESPÚES

Extraño que alguien se sepa mi nombre. Las caras conocidas. La anciana tuerta de la tienda del frente que nunca tiene leche. El vecino de abajo que llama a chiflidos al del apartamento de arriba, los domingos en la mañana. El estúpido celular que suena sin parar. Los días nublados, el frío, los zapatos mojados. Extraño que alguien me salude al llegar.

CREYERON QUE MURIO PERO RENACERÁ

Está bien, tanto silencio me aturde hasta a mi misma. He perdido credibilidad, debe ser por eso. No conozco mi cara de "me retracto" porque cualquier cosa que diga puede ser usada en mi contra. Tal vez sin mucho pensarlo, las historias se me han vuelto menos oscuras, nada más que un ejercicio para decir la verdad y entonces tendré que inventar algo. Ficciones y a mi que me caen tan mal, náuseas y cólicos, no tengo suficiente cerebro y lo que queda está ocupado inventando historias trágicas pero no lo suficientemente confesables, ni siquiera para este gatonecio estrenando cascabel. Lo dije, me equivoqué, lo dije, lo reconozco, pero mis teorías se venden a la vuelta de la esquina, he comprado un par y me han salido sin garantía, gajes del oficio. Este dejará de ser mi purgatorio, no tengo muchos pecados que exponer en público, ahora pienso que tal vez no hemos hecho más que decirnos mentiras que sólo los muy inocentes se han podido creer, todo son cuentos y juegos de palabras...

Erratas

Por estarte escribiendo pendejadas, unos ojos equivocados te están robando la autoría intelectual de mis crímenes pasionales. Inocentes, nada es lo que parece.

CARTA DE UN CONEJO ASUSTADO

RUN, RABBIT RUN. ¿Te he dicho que me gustan tus manos? - No lo recuerdo- Pues me gustan tus manos. Parece que no me vas a dejar caer. Detesto los hombres con manitas de señorita. Despiértame cuando pase el temblor, que mientras tanto yo me voy a quedar anclada a vos. Polo a tierra. ¿Te he dicho que me gustan tus brazos? -Nunca me decís nada- Pues me gustan tus brazos. Parecen hechos para que no me dejés escapar.

COJONES

Feliz Navidad en pleno marzo. De verdad que tiene cojones. Hay dos putos teléfonos sonando enloquecidos cada 10 minutos, el día amaneció demasiado temprano y entonces mi asistente se agarra a botellazos con el tipo que maneja el camión, que a su vez lo acusa de ser un hippie marigüanero y todos y me incluyo, amanecimos con ganas de no hacer un culo por esa manía que tienen acá de andar lavándose las manos con los demás, porque se tapan con la misma cobija y luego pretenden que el que pone la cara es el más loco de todos, el único capaz de decir la verdad y por lo tanto, de crucificarse a si mismo. Yo, que no soy santo de mi devoción, he salido de mi casa con la intención de verlo, porque más tarde voy a estar borracha, celebrando mil veces a Moisés salvado de las aguas. Tengo una cara de vida triste la mia, pura mamadez sin duda, -Te tocó crecer- me dice, y de que modo, pienso yo, señor padre de familia, señor estoy buscando jardines infantiles, señor Flanders. No recuerdo si lo quiero...

OIDOS SORDOS

- ¿Cuál es la diferencia entre una cucaracha y una mariposa? - ¿Cuál? - El carisma. Malas elecciones, una historia de deserciones. Remisos. Esta humedad que se me pega a la piel, trópico, pacífico y yo que vuelvo al sur por costumbre y por deseo, para despedirme. Han aparecido en mis siestas de inercia en la hamaca todos menos vos, parece que no sos el hombre de mis sueños. Debí haberlo sospechado desde un comienzo. - Señorita. Buenos días señorita. Amanece y estoy tan lejos pero no me arrepiento. Puros espejismos. - En la casa vivimos el papá de mi hija, mi hija, mi marido y yo. - ¿Todos juntos? Pero estoy sola y no lo extraño, no en la forma en que duelen hasta los huesos ni como tiempo amargo o cosa perdida. - No fue si no que yo me pusiera a hablar con ustedes y él que se va, es que la fiesta de anoche le duró hasta hoy. - ¿Estaba borracho? No, no apareció. No, no sé si está trabajando, borracho entrepiernado o se lo llevó la marea y amaneció boca abajo en una asquerosa ...